La incógnita del mar
El
tiempo, ¿qué es el tiempo? Bueno, el tiempo es aquello que el ser
humano ha querido controlar durante mucho tiempo. Ha aparecido en
muchas obras, que si máquinas del tiempo, coches fantásticos, etc.
También es lo que el ser humano hecha de menos (pasado), espera
(futuro) y vive (presente). Pues bueno, esta historia tratará de
llevarte en un viaje y el transporte será el tiempo, y el
protagonista un niño llamado Daniel, y la puerta se halla en un
lugar muy especial: el mar.
Era
una mañana tranquila de verano, y salí a dar un paseo por el paseo
marítimo de Chipiona, el sol brillaba y la temperatura era
agradable, además el agua brillaba como nunca. De repente me di
cuenta de que estaba a dos manzanas de la casa de mis abuelos, así
que tomé la decisión de ir a visitarlos. Estuvimos un rato
hablando, pero a medida que pasaba el tiempo, mi abuelo se ponía
cada vez más nervioso. Miraba mucho a la puerta, se levantaba y se
volvía a sentar, etc. Hasta que pasado el cuarto de hora dijo:
-Dani,
te quiero contar una cosa...
Yo,
me quedé paralizado, me temía lo peor. Pero sorprendiéndome, mi
abuelo me contó que tenía la fórmula de viajar en el tiempo.
Enseguida me desmayé. Al despertar, mi abuelo me siguió contando
una larga historia:
Dani,
lo que te estoy contando no es una broma, es cierto y además ha ido
pasando de generación en generación, de padres a hijos. Somos la
Hermandad del Tiempo, y llevamos siglos guardando esa puerta capaz de
llevarte al pasado o al futuro. La historia de esta puerta se remonta
al siglo XVI, cuando un antepasado nuestro, cuyo nombre no recuerdo,
creó una máquina perfecta e inigualable: la máquina del tiempo.
Pero él, al ver que había personas que querían cambiar la historia
creó nuestra hermandad. Hoy día nadie excepto nosotros sabe de esa
puerta y nos encargamos del mantenimiento de la misma.
Pero
te tengo que hablar del porqué te estoy contando esta historia: tu
abuela era de la Orden del Cambio. Esta orden se encargaba de cambiar
la historia. Pero tu abuela renunció a esa orden y aceptó la
nuestra. El problema es que ayer tuvimos una discusión sobre la
orden y mi trabajo, y ella enfurecida me amenazó con volver a su
orden. Algo de lo que estoy muy seguro, porque está tardando mucho,
lleva un día sin venir:
-Basta
de cháchara vamos en busca de ella.
-Si,
pero donde la buscamos.-Dije yo.
-Tú
limítate a seguirme.
E
hice lo que me mandó, le seguí hasta el puerto. Allí nos
embarcamos en un barco de vela. El tiempo era perfecto y el viento
estaba a nuestro favor. Yo sé muy poco vocabulario del mar:
estribor, popa, babor, proa, sotavento, barlovento y poco más. Pero
mi abuelo me fue explicando más palabras y me mandó a hacer una
sola cosa vigilar y manejar el timón. Algo que me encantó, pues no
era muy complicado, también mi abuelo me dijo que cuando viera un
faro en medio del agua le avisara. Y mientras estaba manejando el
timón me paré a pensar un momento: el abuelo había sido marinero
durante más de cuarenta años, y todo porque servía de tapadera
para su verdadero trabajo, que era mantener la puerta del tiempo. Y
alcé la mirada y vi el pequeño faro.
-Ya
estamos.-Dijo mi abuelo.
-¿Y
dónde está la máquina del tiempo?-Dije yo.
-Debajo
del agua.-Me dijo mi abuelo.
Entonces
nos sumergimos a pulmón, porque no estaba a mucha profundidad y al
entrar en el túnel aparecías seco en otro tiempo y lugar. Entonces
descendimos unos 10 metros, y vimos todo tipo de pescados: bailas,
doradas, etc. Llegamos a una especie de túnel submarino que cuando
pasabas por él, te transportaba a la época que estabas pensando. Mi
abuelo pensó que la puerta nos llevara al sitio y tiempo del último
viaje, para ver si mi abuela había viajado. Y entramos juntos...
Llegamos
al siglo XIX, a una calle central de Londres. La gente vestía muy
raro, no había coches, y la luz se limitaba a unas débiles farolas
que no daban mucha luminosidad. No encontramos ningún indicio de que
nuestra abuela estuviera allí. Pero yo sabía que allí había gato
encerrado, de repente me acordé del día que era, este día se evitó
el robo a uno de los bancos más poderosos de Londres porque leí en
una revista que se había cumplido el 150 aniversario de que la
policía evitara un robo muy importante en el siglo XIX. Banco del
cual no recuerdo nombre. Era el 12 de octubre de 1865, a las 20:00.
Así que nos dirigimos al banco más importante de aquella época.
Allí encontramos a mi abuela, que enfundaba una pistola con
silenciador.
Mi
abuelo intentó pararla pero ya era tarde, abatieron a mi abuela.
Había sido un guardia que al ver la pistola se asustó. Llamaron a
una ambulancia, y estuvieron luchando por la vida de mi abuela. Al
paso del siguiente día me dieron la noticia de que mi abuela estaba
viva. Al cabo de dos días llegamos a casa.
-Lo
siento, me equivoqué.-Decía mi abuela
-Perdonada
abuela.-Contestaba yo.
-Espero
que no haya alguien más que quiera cambiar la historia.-Dijo mi
abuelo
-¿En
todo caso como lo sabremos?-Pregunté yo.
-Nos
avisaría un hermano de la hermandad de la época en la que estuviera
pasando algo.-Finalizó mi abuelo
De
repente el móvil de mi abuelo sonó. Era el corresponsal de finales
del siglo XV: alguien quiere cambiar el destino del descubrimiento de
América...
-Voy
a buscar un libro de un barco y otro del mar por si hace falta.-Dije
yo.
Después
todos nos echamos unas risas...
Mi
segunda aventura empezó por navegar hasta la puerta del tiempo y de
ahí viajando en los barcos de Colón. La travesía era tranquila a
primera vista. Yo y mi abuelo eramos marineros del barco La Pinta,
por lo que me tuve que adentrar un poco más en el vocabulario del
mar, además solo comíamos pescado: pescado para desayunar, almorzar,
merendar y cenar. Y a mí me gusta saber lo que me estoy comiendo,
así que aprendí mucho vocabulario: cofa, trinquete, mástil,
animales marinos como el corocoro , el tiburón ballena o la quimera
elefante.
Y
algo que me sorprendió muchísimo es que la forma con la que
pescaban era muy peculiar: para pescar se ayudaban de una bola de
aceite, pescado y algo más, para atraer a los pescados... Quedan 3
meses para llegar a América...
¡Ah!
Y el final, es decir el futuro de esta historia, lo puedes terminar
en la mejor máquina del tiempo que tenemos: la imaginación. Te
ayudaré con estas preguntas: ¿descubrirán al malhechor? ¿Llegarán
a América? ¿Qué aventuras vivirán?


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